MISIONERAS: Somos misioneras porque nuestra consagración nos sitúa en el corazón de la Iglesia, cuya misión no es otra sino la de continuar y hacer presente en cada lugar y momento de la historia la misión de salvar al mundo que Cristo recibió del Padre. Unidas a Cristo en el Espíritu debemos vivir y manifestar nuestra vocación misionera como la vivió y manifestó Cristo: como un acto de amor en obediencia filial al Padre.


HIJAS DE LA SAGRADA FAMILIA: “Este solo calificativo debe llenarnos de  esperanza y alegría santa, a la par que recordarnos constantemente que hemos  sido,llamados a  copiar en nosotros con mayor perfección las virtudes, de las que nos dieron admirable ejemplo nuestros amados padres Jesús, María y José".


NAZARET: Significa y resume nuestro carisma, nuestro estilo peculiar de santificación y apostolado. Define nuestra identidad, unidad y continuidad. Nazaret es vida interior, espíritu de familia ambientado en silencio, sencillez, respeto y amor. Trabajo en colaboración gozosa de obediencia filial. Y, sobre todo, fidelidad a la ENCARNACIÓN: que asume todo lo que este misterio significa de limitación y grandeza.En Nazaret se vivió el evangelio antes de que Cristo lo proclamase al mundo; por eso las Misioneras de Nazaret debemos conocer, amar y vivir intensamente el Evangelio para comunicarlo a los demás.